¿Qué pasa si peco después de haber entregado mi vida a Cristo?
Cuando un creyente peca, no pierde su salvación eterna, pero sí afecta y quebranta su comunión diaria con el Padre y debilita su testimonio. El pecado en la vida del cristiano interrumpe el fluir del gozo espiritual y entristece al Espíritu Santo que habita en él. El Apóstol Pablo en su carta a los Efesios 4:30 nos advierte: "Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención". La relación como hijos de Dios permanece intacta debido al pacto de gracia, pero la intimidad con Dios se ve bloqueada por la desobediencia voluntaria.
La solución provista por Dios para restaurar esa comunión es inmediata y se basa en el arrepentimiento sincero. 1 Juan 1:9 nos enseña: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad". Contamos con Jesucristo como nuestro Abogado e Intercesor ante el Padre, tal como o dice 1 Juan 2:1, quien nos limpia con su sangre continuamente y nos restaura al camino de la santidad cuando nos acercamos a Él con humildad.