Aquí están en texto algunas de las predicas más destacadas del hermano José Luis Terán para que las puedas usar como desees. Esperamos que sean de mucha ayuda para tu vida.
¿Debilidad o Apostasía?
Muchas veces hay confusión en cuando a estas dos condiciones en personas que se entiende que alguna vez han decidido seguir a Cristo. ¿Por qué la confusión? Por se ve el accionar de uno de ellos y no se sabe si esa persona está solo pasando por un momento de debilidad humana o por un apostasía deliberada. Es confuso en el momento donde vemos a alguien estar distante de Dios y a lo mejor hasta renegando de Dios. Entonces llega la pregunta, ¿esa persona está pasando por un momento de debilidad humana o está apostatando de la fe? ¿está renegando de la fe?
Bíblicamente conviene distinguir entre debilidad espiritual o caída temporal y una apostasía, porque no todo creyente que está frío, desanimado o incluso en pecado está apostatando. Esta predica resulta muy importante, ya que sé que ayudará a muchos a entender su condición, y me refiero específicamente a los que están e debilidad, no a los que están en apostasía, ya que esa condición es de ceguera total, y prácticamente resulta imposible hacer recapacitar a un apóstata.
Comencemos entonces entendiendo:
¿QUE ES ESTAR EN UNA CONDICIÓN DE APOSTASÍA?
La apostasía es algo muy profundo, al punto de ser mucho más difícil de detectar, ya que hay apostatas simulando ser creyentes, que están inmersos en doctrina de demonios, en doctrinas humanas, en enseñanzas blasfemas del Evangelio, viven y predican un “evangelio corrupto”, “otro evangelio”, un evangelio viciado de trampas, repleto de argucias, adobado con tradiciones y dogmas humanos.
El apóstata no es de frente, es simulado, es solapado. Y aquí lo más triste para muchos que siguen a estos personajes, es que el apóstata solo puede ser evidenciado por alguien con madurez espiritual, solo puede ser descubierto con alguien que tiene un discernimiento espiritual desarrollado. Y como mucho no poseen esa gracia, entonces son engañados sutilmente al punto de estar siguiendo falsas doctrinas que los alejan de Dios en lugar de acercarlos.
La tragedia de la apostasía está en todos los que caen en ella, ya que lo siguiendo a un líder apóstata, al que creyeron un “ungido de Dios”. Esto ya fue profetizado, Jesús dijo que muchos serían engañados, incluso los escogidos.
Leamos el pasaje de Mateo 24:24:
“Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, de ser posible, aun a los escogidos”.
Para esta palabra “Cristos” está la palabra “ungido” en el original, es decir “falsos ungidos”. Por si acaso, este pasaje no tiene que ver con falsos Jesucristos por ahí, con barba, con trajes largos, diciendo que son el Mesías que ha regresado, no, de esos no está hablando la palabra específicamente, está hablando de los supuestos iluminados que son apóstatas, que de alguna manera comenzaron bien en los caminos de Dios pero que en el camino, por causa del poder, la avaricia, la lujuria y demás terminaron en apostasía.
El apóstata es aquel que se ha apartado de la fe sana y limpia que ha profesado alguna vez, ha abandonado, y hasta ha rechazado deliberadamente en su corazón la verdad de Cristo.
Un texto especialmente fuerte es el de Hebreos 6:4-6, que habla de personas que fueron iluminadas, participaron de las realidades de la fe y después “recayeron”, presentando una imagen de abandono radical.
Otro pasaje muy importante también es el de 1 Timoteo 1:19, donde el apóstol Pablo habla de algunos que:
“desechando la buena conciencia naufragaron en cuanto a la fe”.
Como pueden notar, esta imagen es muy diferente a la de alguien que simplemente está luchando por agradar a Dios, ya que el apóstata solo quiere tomar un camino diferente al de su conciencia y la fe de la palabra.
EL CASO DE JUDAS
Un ejemplo bíblico muy claro de un apóstata fue Judas. Este hombre estuvo muy cerca de Jesús, hasta recibió el encargo de las finanzas, escuchó las enseñanzas del maestro, y hasta fue enviado con los demás discípulos a sanar y a echar fuera demonios. Pero, finalmente decidió traicionarlo, por avaricia, hipocresía, y yo sospecho que hasta por envidia.
Judas es un ejemplo particularmente serio porque demuestra que estar externamente cerca de Cristo, participar en actividades religiosas o incluso formar parte del grupo de discípulos no es necesariamente evidencia de una fe verdadera y perseverante, decir que eres seguidor del Señor Jesús no es garantía de que no estés apostatando tarde o temprano.
EL CASO DE SAÚL
Otro ejemplo muy claro de apostasía, lo encontramos en el Antiguo Testamento con el rey Saúl, pero vamos a precisar qué aspecto de su historia demostró su apostasía. Dios le dio a Saúl una orden concreta: destruir completamente a Amalec. Pero Saúl desobedeció deliberadamente y conservó lo que Dios había ordenado destruir. Cuando Samuel lo confrontó, Saúl incluso intentó justificar su desobediencia diciendo que había guardado los animales para ofrecer sacrificios a Dios, entonces Samuel le respondió:
“Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios”.
Y después le dice también:
“Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”.
Saúl apostató colocando razonamientos a la palabra, poniendo estos razonamientos por encima del mandato directo y claro de Dios. Y más allá de una falta grave, lo terrible sucede después, que fue seguir en una postura permanente de negación de los preceptos de Dios para abrazar sus propios preceptos, y así apostató hasta el final de sus días. Conoció lo de Dios, fue ungido como Rey, pero se apartó del mandato del que le dio tal posición en el pueblo, no simplemente tuvo un momento de debilidad. Hubo una actitud de rechazo acompañada de justificaciones.
Ahora vamos a la condición que nos importa aclarar en esta prédica:
¿QUÉ ES ESTAR EN UNA CONDICIÓN DE DEBILIDAD?
Esta, es una condición donde un creyente puede estar desanimado, puede estar siendo tentado, puede estar confundido, puede estar frío espiritualmente, incluso, puede caer en pecado, pero, (aquí viene la gran diferencia) pero en lo más profundo de su corazón anhela acercarse a Dios, reconoce su necesidad de pobreza espiritual y de seguro, en el tiempo indicado, va a responder a la corrección de Dios y su llamado a sus brazos.
EL EJEMPLO DE PEDRO
Un buen ejemplo en el Nuevo Testamento es el de Pedro. Jesús dijo claramente: “Al que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante mi Padre”. Entonces, ¿por qué Pedro negó a Jesús tres veces con maldiciones y juramentos, y aun así fue perdonado? Cualquiera pensaría que activó automáticamente su condena, pero aquí hay un secreto teológico clave: Pedro no cometió apostasía. Aquí radica la gran diferencia con Judas Iscariote. Judas cometió apostasía: un rechazo consciente, planificado y malicioso hacia Jesús; él vendió a su Maestro por dinero. Lo de Pedro, en cambio, no fue falta de fe, sino cobardía humana. Pedro fue débil, por lo que le rodeaba en el momento de la negación. El pánico a morir luego de ser arrestado lo hizo colapsar en un momento de extrema debilidad de la carne.
La prueba de su verdadera condición está en su reacción (presta atención estos detalles): al escuchar al gallo cantar, Pedro no huyó con orgullo ni se desentendió; la Biblia dice que salió y lloró amargamente con un corazón destrozado. Por eso, tras la resurrección, Jesús no lo negó ante el Padre, sino que lo restauró con amor.
La advertencia de Jesús es para quienes lo rechazan de forma permanente, no para los que tropiezan por debilidad y buscan un verdadero arrepentimiento.
EL CASO DE ELÍAS
Vamos ahora a un ejemplo en el Antiguo Testamento, el de el profeta Elías. En 1 Reyes 19, verso 4, Elías estaba completamente agotado y desanimado. Llegó incluso a pedir morir, dijo:
“Basta ya, oh Dios, quítame la vida...”
Sin embargo, Dios no lo trató como un apóstata. Lo alimentó, le permitió descansar, habló con él y posteriormente volvió a encaminarlo. Aquí vemos que agotamiento, miedo, desánimo o crisis espiritual no equivalen automáticamente a apostasía.
Cuando se trata genuinamente de debilidad, entonces seguro tu debilidad se encontrará con la Gracia de Dios. Esta promesa la encontramos en la Segunda carta a los Corintios, capítulo 12, verso 9 que dice:
“Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad”.
Estoy débil, mi carne está ganando terreno, voy perdiendo la batalla, entonces, entra en juego la gracia de Dios, que me dará el poder, la fortaleza, la unción, la gloria de Dios, la gracia, para salir adelantes y convertir esa debilidad en fortaleza y vencer todo pecado. Los que estamos en esa ayuda maravillosa, por más que pequemos en un momento de debilidad, jamás hemos caído en apostasía o negación de Dios, solo estamos en aquella lucha por hacer el bien de Dios, aunque de vez en cuando seamos vencidos por nuestra carne.
El rey David fue débil en múltiples ocasiones, pero siempre, siempre volvió a Dios una y otra vez, a pedir que le mude el corazón, a pedir que lo saque del lodo de la desesperación, a pedir clemencia para su alma, a rogar porque no le sea quitado el Santo Espíritu, pero Saúl solo siguió en su terquedad, siguió jugando al creyente sin la menor intención de convertirse realmente en u seguidor de los preceptos de Dios.
SABER DIFERENCIARLOS
Ahora bien. ¿Cómo distinguirlos en la práctica? Para esto Podríamos observar estas diferencias sustanciales.
Pero aquí viene una advertencia importante: no debemos diagnosticar la apostasía simplemente porque alguien dejó de congregarse, tuvo dudas o pasó por una temporada de pecado.
La Biblia incluso muestra creyentes que atravesaron momentos de dudas y profunda debilidad. Como el caso de Tomás, un gran ejemplo. En Juan 20 Tomás dijo que no creería que Jesús había resucitado hasta verlo. Eso fue una crisis de fe, pero Jesús se acercó a él y lo llevó nuevamente a la certeza y Tomás terminó confesando: “¡Señor mío, y Dios mío!”. Como vengo diciendo, dudar o cuestionar, no es lo mismo que apostatar.
Por eso Una pregunta clave siempre sería, no si está pecado y punto, sino ¿Qué está haciendo con Cristo en medio de esa situación? Porque una persona puede estar profundamente debilitada y todavía clamar por ayuda. Mientras que otra puede llegar progresivamente a rechazar conscientemente a Cristo y la verdad que antes profesaba, cayendo es apostasía.
En resumen:
Debilidad espiritual:
“Estoy luchando, he caído, estoy confundido o estoy débil, pero todavía necesito a Cristo.”
Apostasía:
“He conocido/profesado esta verdad, pero ahora me aparto de ella y rechazo deliberadamente a Cristo y su verdad”. Recordemos que esto puede ser consciente o inconscientemente, donde la conciencia lo acusa pero el apaga esa voz en su alma.
Al final, el juicio solo le pertenece a Dios, ya que sólo Él pesa realmente el corazón. Y si alguno que ha estado viendo esta prédica, pensaba que había caído en apostasía y ahora se da cuenta que no, entonces le dejo este pasaje de Hebreos 4:15-16:
“15 Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. 16 Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos”.
Autor: José Luis Terán
Licenciado en Teología
Harvest University, Washington DC. EEUU.
El libre albedrío
Comencemos preguntándonos ¿Qué es el libre albedrío? Y la respuesta más sencilla es que el libre albedrío es la capacidad que Dios dio a los seres humanos para tomar sus propias decisiones y elegir entre el bien o el mal, la obediencia o la desobediencia y, aunque la frase exacta "libre albedrío" no aparece textualmente en las Escrituras, el concepto está presente desde el principio.
Dios no creó a los seres humanos como robots o seres programados, sino que nos hizo con la libertad de pensar y decidir por nosotros mismos. Pero eso sí, cada decisión personal traerá consecuencias directas, ya sean bendiciones por obedecerle o castigos y condenas por ir en contra de lo establecido en su palabra. Esto se vio desde el principio, en el jardín del Edén, Adán y Eva tuvieron la libertad de comer o no del fruto prohibido, demostrando que la libertad de actuar en contra o a favor de la voluntad divina. Esto es el libre albedrío.
DIOS NOS DA ESTE REGALO
Dios nos permite la libre elección, nos hace, de cierto modo, formadores de nuestro propio destino, Dios no se impone ante nadie para que lo sigan o lo amen (es un caballero), es por eso que hoy y siempre, todos en el mundo han decidido qué hacer con sus vidas y, por ende, cada cual debe asumir la retribución por cada uno de su actos.
Siempre ha existido un consejo de Dios que ha señalado a la humanidad a hacer lo bueno, y no necesariamente ha esta por escrito, este consejo, o código moral, ya vino grabado en la conciencia. El Apóstol Pablo en su Carta a los Romanos, capítulo 2, versos 14 y 15 dice:
"Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, estos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos".
Aquí los “gentiles” son todos aquellos que no son el pueblo de Dios y que por tanto no tienen o no han tenido la ley de Dios. Pero, ¿qué dice la Palabra? Que a pesar de no tener la ley o no haber conocido la ley, tienen una ley escrita en sus corazones, algo así como los instintos en los animales, que les dicta que; matar es malo, robar es malo, mentir es malo. Mandatos de Dios, que están escritos en sus corazones, y que si se van en contra de estos, su conciencia les avisa y acusa y de alguna manera los hace sentir culpables, y esta culpa será tomada en cuenta según el libre albedrío de cada cual.
Entonces, cada cual miente por su libre albedrío, roba por su libre albedrío, codicia a la mujer de su prójimo por su libre albedrío. Repito, es un regalo, que lo podemos usar, tanto para buscar a Dios y obedecerlo, como para que, a pesar de una conciencia acusadora, le demos la espalda y hagamos lo que nos da la gana, sabiendo que eso nos daña y hasta daña a los demás.
Todo esto me parece perfecto, ya que si fuese de otra manera, que seamos seres sin el poder de la decisión propia, a lo mejor tendríamos un mundo mejor, pero sería un mundo carente de amor genuino por Dios, un mundo sistematizado, “robotizado”, un mundo donde nadie hizo algo porque lo quizo o lo amó, sino porque estaba 100% programado para hacerlo.
Ahora bien, Dios nos da ese regalo llamado “libre albedrío”, pero, por otro lado, nos invita a escoger hacer el bien, Su bien.
DIOS NOS HACE UN LLAMADO A ESCOGER BIEN
Vamos a Deuteronomio 30:19, que dice:
“Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia”.
Como podemos entender, si No existiese el libre albedrío ¿cómo entonces Dios anima a su pueblo a "escoger la vida”? Esto no tendría sentido si no existiera la libertad de elegir la bendición. Dios es Soberano, sí, pero al mismo tiempo Dios respeta nuestro libre albedrío, esto, a pesar de que ya estemos con Él. Claro está que por medio de Su Santo Espíritu nos guiará a toda la verdad, pero eso también dependerá de cuán ligados a Su Presencia estemos. Estamos con libre albedrío sí, pero Dios desea que lo usemos para determinar amarlo en obediencia. Por eso que en otro pasaje dice: “Si oyes hoy mi voz, no endurezcas tu corazón”. Pensemos en esto: Si Dios hace con nosotros como él quiere (como piensan muchos), nos mueve como títeres sin alma, entonces, pasajes como estos, quedan sin fundamento. Pero no, Dios ve la predisposición en nosotros, luego nos habla, a continuación le obedecemos, luego damos gloria a Su nombre, y finalmente reconocemos que fue por su guía que lo hicimos, que pusimos nuestra voluntad en el altar de nuestro corazón, pero al final fue Él el que lo hizo a través de nosotros. No nosotros, porque en nuestra carne no está el hacer el bien, sino pecar, pero en nuestro libre albedrío decidimos no pecar y obedecerle y ponernos a sus pies. Dios nunca nos tuerce el brazo en todo ese proceso. Esto por el libre albedrío que nos ha dado.
¿DIOS ENDURECE EL CORAZÓN?
Alguno dirá, “hay un episodio en la Biblia donde dice que Dios endureció el corazón de faraón”, ¿Y el libre albedrío de Faraón?” Sí, pero en este caso estamos hablando de gente que ha resuelto hacer el mal, por ende Dios lo entrega a su pasión y provoca que esta persona sea parte Su plan. Vamos a analizar este tema puntual porque es muy necesario para el propósito de esta enseñanza.
Para entender el pasaje es fundamental revisar lo que realmente ocurrió en el libro del Éxodo. La historia de Faraón demuestra que el endurecimiento de su corazón no fue un acto arbitrario de Dios, sino un proceso gradual donde la libre voluntad humana y la justicia divina se entrelazan.
En la primera mitad del relato, las Escrituras repiten constantemente que Faraón, en su libre albedrío, tomó la iniciativa de cerrar su corazón por orgullo, a pesar de ver los milagros, tal como pasa con mucha gente hoy. Pero, ¿cómo pasó con este hombre?
En Éxodo 7:13 y 7:22: El corazón de Faraón se endureció y no escuchó lo que pedía Dios. Éxodo 8:15 dice que: «Al ver Faraón que aliviaba el castigo, endureció su corazón». En Éxodo 8:32 leemos esto: «Mas Faraón endureció aún esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo». Hasta este punto, vemos que Faraón ejerce activamente su libre albedrío para rebelarse y también vemos a Dios respetando su decisión y le permite actuar según su propia maldad . A partir de la sexta plaga (la de las úlceras), el relato bíblico cambia de manera drástica: En Éxodo 9, verso 12 vemos esto: «Pero Dios endureció el corazón de Faraón, y no los oyó». En Éxodo 10:1 y 10:20: Dios le dice a Moisés que Él ha endurecido el corazón de este hombre. Teológicamente, esto se conoce como un juicio divino de abandono (similar a lo que describe Romanos 1:24, que señala que Dios "los entregó a las concupiscencias de sus corazones".
Está más que claro que Dios jamás introdujo maldad en un hombre inocente; simplemente fijó y confirmó la postura que Faraón, un hombre terco, orgulloso e irreverente, que ya había elegido libremente su posición ante las demandas de el Señor, entonces se le quitó la capacidad de arrepentirse, no le dio la gracia para que venga a Salvación. Pero todo partió el libre albedrío de Faraón y Dios volcó todo a favor de sus planes eternos. Eso es todo.
Para confirmar este principio espiritual, donde Dios entrega a cada perverso a su propia mente reprobada, según su corazón y predisposición a rechazar la verdad, vamos a la carta a los Romanos, capítulo 1, verso 28:
“Y como ellos (aquí se refiere a todos los que le dan la espalda a Dios y no reciben el consejo de Dios) Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen".
Como podemos entender, el libre albedrío le permite a todo ser humano tomar o no tomar en cuenta a Dios y, si deciden, aprueban y concluyen, no tomar en cuenta a Dios, entonces Dios “los entrega a una mente reprobada”. Aquí cabe recalcar que no dice que “Dios pone en ellos una mente reprobada”, no, porque como vengo diciendo, Dios no manipula la mente de nadie, aquí dice que Él los entrega a su propia mente reprobada, no insiste en ellos, los deja caer en la propia trampa de sus razonamientos. Eso es todo. No se trata de un Dios perverso haciendo con todos como les da la gana, moviéndolos con sus hilos (como muchos dicen), no, se trata de gente decidiendo hacer el mal, abrazando la rebelión contra su creador, esto, deliberadamente.
LA PREDESTINACIÓN
Ahora bien, ¿cómo empatamos esto con la predestinación? Fácil, Dios sabrá de antemano, porque es eterno, sabrá desde antes de que naciera la persona, quién procederá como Faraón, como Judas, como Saúl, y quién doblegará su corazón como Moisés, Abraham, David o el Apóstol Pablo, que es su libre albedrío decidieron cada uno de ellos amar y entregarle su corazón al Señor o darle la espalda.
Como vimos la semana pasada, Dios dijo: “A Jacob amé pero a Esaú aborrecí”, dice también la Escritura que, aún no habían nacido, ni habían hecho lo bueno ni lo malo, pero Dios ya había determinado en quién cumpliría Su plan especial, porque también supo, que en su libre albedrío Esaú despreció su primogenitura, nadie lo obligó ni lo movió como un títere sin alma a hacerlo, y así también vio a Jacob, donde él mismo, en su libre albedrío, determinó apreciar la primogenitura que lo llevó finalmente a ser el padre, el patriarca fundamental de la nación de Israel.
DIOS AYUDA A LOS HUMILDES
¿Qué pasa entonces con las decisiones que toma aquel que decide amar a Dios? Dios nos ayuda en todos nuestros procesos, pruebas, toma de decisiones, debilidades, momentos donde perdemos la fuerza para seguirlo. Porque el querer está en nosotros, sí, y Dios lo ve, pero nuestra carne es débil, y es entonces cuando oramos como lo sugirió Jesús y nos fortalecemos en el Señor y en nuestro libre albedrío somos ayudados a cumplir el plan eterno.
Hubo un hombre en la Biblia que nos muestra de forma categórica esta verdad. Vamos a Marcos 9:23-24 que dice:
“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad”.
Aquí vemos a un hombre con la predisposición a creer, pero que halló limitantes en su fe. Este confiaba en el poder del Señor, pero entendió que eso no era suficiente, entonces, le pide entre otras palabras a Jesús “ayúdame Señor a creer”, “ayúdame a mi falta de fe”. Entonces, Jesús le ayudó y procedió con el milagro. Eso es lo que siempre Dios ve en nosotros, le predisposición a ser ayudados en nuestra fe, ve nuestro reconocimiento en humildad de que no podemos por nosotros mismos, nuestro reconocimiento de que somos pobres espirituales, entonces, nos ayuda, pone en nosotros el querer y luego las fuerzas para hacer lo que debemos, pero, lo primero, es que nuestro libre albedrío esté dispuesto a moverse en pro de Su Voluntad. “¿Dónde dice eso José Luis?”, Vamos a Filipenses 2:13 que dice:
"porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad".
Nuestro libre albedrío nos lleva hasta al pie de la puerta de la gracia, donde entra en escena Dios con su Santo Espíritu y nos da la gracia y la fe para “querer” y luego la fuerza para el “hacer”. Por eso que es Pablo decía que todo lo que había hecho no lo había hecho él sino la gracia de Dios operando en él. ¿Se dan cuenta como la palabra es tan perfecta y como empata a la perfección en todas sus partes? Cuando Dios pone el “El querer”, pone la motivación indicada en el corazón del creyente, nos pone el deseo sincero de hacer lo bueno y de agradarle y, cuando pone “El hacer”, es cuando nos da la capacidad, la gracia, los dones, las virtudes, la fuerza, la habilidad y el poder práctico para llevar ese deseo a la realidad, lo hacemos por su gracia bendita, pero todo parte de que nuestro libre albedrío está entregado a sus deseos.
Y como dice este pasaje, todo esto ocurre “por su buena voluntad”, algo que determinó desde la eternidad, cuando vio la predisposición de sus hijos a seguir sus indicaciones, cuando vio que íbamos a poner nuestra voluntad, nuestro libre albedrío a sus pies. Así como los siervos de la biblia que le dijeron sí al Señor, ejemplos sobran de respuestas como estas: “heme aquí Señor”, “háblame Señor y tu siervo escucha”, “enséñame qué debo hacer”, y como lo dijo el Mesías, el mismo Señor Jesús, “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Aquí vemos como el libre albedrío se convierte en sujeción al Padre.
CAMBIANDO EL CORAZÓN
Dios dice en su palabra, en Ezequiel 36, versos 26 y 27:
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.
Cuando Dios entra realmente a nuestras vidas, cuando no somos religiosos dogmáticos, cuando nos convertimos a Cristo, entonces comienza una transformación en nuestro corazón. Nos hacemos sensibles a Su Voz, no somos rebeldes. Si decidimos amar a Dios, y Dios lo ve, entonces procederá a ayudarnos con el ablandamiento de nuestro corazón.
Repito, imaginen ustedes a gente haciendo algo, no por decisión propia ni amor a Dios, sino por chantaje, por miedo a perderse (como pasa con muchas sectas hoy que no creen en la seguridad de la Salvación), o haciendo las cosas por conveniencia, hipócritamente. Por eso Dios hizo seres humanos con libre albedrío, seres programados, sin poder de decisión, Dios creó en nosotros la autonomía, para buscarlo de corazón, para servirle de corazón, para serle fiel de corazón. Eso sí enseña toda la Palabra.
Terminamos con unos pasajes que me parecen cruciales para esta enseñanza.
El apóstol Pablo dijo en Gálatas 2, verso 20:
“Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.
Parafraseando este pasaje, Pablo dijo: “Y lo que vivo ahora, lo vivo por fe en Cristo y lo hago en mi libre albedrío, lo decido, le entrego mi libre albedrío a Dios”.
En resumen, cada cual decide seguir a Dios o no, entonces, cada cuál recibirá su justa retribución conforme a su libre albedrío, cada uno será ayudado o no según lo que Dios ve en el corazón y al final Dios pesará cada corazón y juzgará según lo que haya visto. Ese es el libre albedrío, y no a un Dios haciendo y deshaciendo lo que quiere en el corazón del ser humano.
Autor: José Luis Terán
Licenciado en Teología
Harvest University, Washington DC. EEUU.
¿Qué es la verdad?
La mayoría de los habitantes de este mundo, durante todos los tiempos, siempre se ha preocupado por conocer la verdad absoluta de todas las cosas. Aunque otra realidad también es que el resto ni siquiera quiere saber si algo es realmente cierto o no, solo asume todo lo que le digan como cierto, sin hacer el menor esfuerzo por re confirmarlo.
Traje este tema en esta nueva predica, porque la verdad, además ser en sí una gran virtud de la vida es liberadora, esto lo dijo con gran énfasis nuestro Señor Jesucristo, cuando afirmó “Y conocerán la verdad, y esta verdad los hará libres”. Pero ojo con esto, la verdad que libera es la verdad de Dios, no la verdad que ha establecido el mundo, ya que la mayoría de esa “verdad” (entre comillas) está contaminada con altas dosis de mentira.
LA VERDAD ABSOLUTA ES LA VERDAD DE DIOS Y NADIE MAS
Debemos dejar esto demasiado claro, la única verdad absoluta y radical es la verdad de Dios establecida en su Palabra. No hay medias tintas, ni verdades relativas, según el punto de vista de cada cual, no, la verdad de Dios es innegociable y de ninguna manera es según la circunstancias o el lugar o el contexto. Por citar solo un ejemplo, robar siempre es robar, no deja de serlo aunque sea por la causa que sea, esa es la verdad de Dios, y punto.
Este mundo está cargado de filosofías, huecas sutilezas, cuentos de viejas (como los de las sectas), tradiciones, costumbres, leyendas y demás, pero la Palabra de Dios, que es la contiene la Verdad Revelada de Dios, está por encima de todo razonamiento humano o conclusión filosófica. El no creer y respetar esto, es que lo que ha dado paso a las peores atrocidades que ha cometido el ser humano, basándose es sus propias conclusiones, sentimientos, estudios supuestamente científicos y demás. Por culpa de que el ser humanos le ha metido su verdad al mundo, es que el mundo está en la miseria que está.
LA VERDAD DE DIOS ESTÁ ENCUBIERTA
Ahora bien, la verdad del cielo, está encubierta para todo ser humanos común, y de ninguna manera cualquiera la puede descubrir solo por el hecho de quererlo, a menos que Dios le abra los ojos a Su verdad. “Muéstramelo con la Palabra José Luis”, con gusto, vamos a la Biblia.
2 de Corintios 3:14 al 16
"Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará".
El apóstol Pablo explica que un "velo" espiritual impide a algunas personas comprender la verdad de Dios, y por más que lean la ley de Moisés o el Antiguo Pacto, no lo van a entender, no pueden conocer la verdad del cielo, a menos que haya conversión, ya que ese velo solo desaparece al aceptar a Cristo.
Ahora escuchen lo que dice Mateo 11:27, aquí está Jesús hablando:
"Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar".
Esto no es por voluntad de nadie, ni de ninguna institución religiosa que pretenda tener la verdad, ya que nadie, solo porque quiera, puede traer a alguien a la revelación de la verdad, que es Cristo (él mismo dijo ser la verdad). La verdad absoluta es que nadie viene a la verdad a menos que Dios mismo se le revele.
UN CORAZÓN ORGULLOSO Y DURO NO CONOCERÁ LA VERDAD
Dice la palabra de Dios en el Salmos 138:6 (LBLA)
“Porque el Señor es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo conoce de lejos”.
Ahora escuchen cómo lo dice la versión de la Biblia Traducción al Lenguaje Actual:
“Dios mío, tú estás en el cielo, pero cuidas de la gente humilde; en cambio, a los orgullosos los mantienes alejados de ti”.
Como se pueden dar cuenta. No es que, “yo quiero conocer a Dios y su verdad, y porque me da la gana él tiene que que revelarse a mi vida”. No, sí es así, te lo aseguro, no va a pasar.
¿Se acuerdan de Pilato interrogando a Jesús? El pasaje nos muestra que Jesús no le reveló qué era la verdad. Leamos Juan 18:37-38:
“Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. 38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?
Luego de esta pregunta no hubo ninguna respuesta por parte del Señor, el relato sigue a que Pilato salió a hablarle a los judíos. ¿Saben por qué? Porque Dios no se le va a revelar jamás a ningún arrogante ni orgulloso que demande de él respuestas, ya que sabe que de ninguna manera le interesará rendirse ante esa verdad. Dios conoce perfectamente desde la eternidad, quienes creerán y obedecerán a su verdad.
Ahora entendemos por qué Jesús le dijo a los religioso “ciegos”. Porque a pesar de que citaban las escrituras de memoria desde muy pequeño, jamás se les había revelado la verdad de Dios, de otra forma hubiesen sabido que este era el mesías.
LOS QUE VIVEN EN LA MENTIRA VIVEN EN ESCLAVITUD
Es cierto que conscientemente nadie quiere vivir en la mentira, pero lo triste es que viven así toda su vida. Muchos hasta han muerto defendiendo mentiras humanas que creyeron que eran verdades absolutas que estaban por encima de lo que la Palabra de Dios ya había declarado.
El que vive en la mentira vive como esclavo, aunque se crea un religioso libre, como le pasó a los fariseos. Se creían que tenían historia, que gran mentira, creían que eran santos, que gran mentira, cuando en realidad eran hijos del diablo, se creían que veían y que eran guías de las almas, cuando en realidad eran ciegos guiando a otros ciegos al abismo, se creían herederos de las promesas de Dios, cuando en realidad eran reos de la condena eterna. Todo por abrazar las mentiras de Satanás que los tenía bien cuenteamos con sus tradiciones y dogmas. ¿A qué se les parece es hoy en día?
Escucha cómo lo dijo el Apóstol Pablo a los corintios, en su Segunda carta, capítulo 4, versos 3 y 4:
“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”.
Satanás ha hecho muy bien su trabajo de cegar a las religiones del mundo y las sectas. Es astuto, ya que además les inyecta orgullo, autosuficiencia (cuando no creen en al sola escritura, sino en sus tradiciones), hizo un gran trabajo al hacerles creer que tienen historia (tal como creían los fariseos). ¿Qué más se puede esperar, si es el padre de la mentira? Es obvio que estará contra la verdad.
Pero para eso vino el Señor Jesús, para deshacer las obras de mentira del diablo. Por lo tanto, es tiempo de buscar más que nunca la verdad de Dios, que no está en ningún otro lado sino en su palabra.
Termino con esto. Esta semana me escribió una hermana, que me decía estar muy preocupada porque su pastor comenzó a hablar un poco de cosas que ella no encuentra en la palabra de Dios. Y lo único que le atiné a decir es que busque la Palabra de Dios como nunca antes lo había hecho. Ya que es la única manera de poder descubrir si algo que se nos dice es verdad o es una mentira más de los demonios. Su alma está en juego. El alma de todos está en juego en medio de tantas y tantas sectas mentirosas, donde su único trabajo es apartarnos de la verdad, apartarnos de Jesús. Es una corriente poderosa, contra la que tenemos que nadar y llegar al otro lado.
De esto ya lo supo Pablo hace casi 2.000 años, y le dejo este gran consejo a Timoteo, en su primera carta, capítulo 4, verso 16:
“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”.
Ten cuidado de que no te comas una mentira del infierno, ya que tu alma está en peligro y hasta el alma de los que te rodean y te escuchan.
Autor, José Luis Terán
Licenciado en Teología
Harvest University, Washington DC. EEUU.